Sección: almacenamiento

No pierda sus datos

Hasta que no se nos estropea un disco duro, o borramos accidentalmente datos que nos interesan, o nos roban un portátil, … no nos damos cuenta de lo importantes que son las copias de seguridad.

En entornos “corporativos” hay (o debería haber) establecida una política de copias de seguridad bien definida: periodicidad, tipo de copia, almacenaje, personal responsable, etc., pero los usuarios domésticos no tenemos tanta costumbre de hacer copias de seguridad. En la Wikipedia hay un artículo bastante completo sobre este tema, por si quieren ampliar más.

No son necesarios programas especializados para hacer copias de seguridad, ni dispositivos especializados (aunque ambos ayudan, sin duda [*]). Si tenemos una grabadora de CDs/DVDs o un disco duro externo de una capacidad aceptable podemos plantearnos establecer nuestra política de copias de seguridad domésticas.

Lo primero que hay que decidir es el soporte: los DVDs (o CDs) son bastante baratos pero no son muy seguros. Se pueden estropear con bastante facilidad. Los discos duros externos son algo más robustos, pero también se pueden dañar, sobre todo por el trajín al que los sometemos.
Si el volumen de datos no es muy grande, hasta una memoria externa USB puede servirnos como medio de respaldo.
Lo importante es tener en cuenta que el medio de respaldo es frágil y también puede estropearse. Lo más seguro es hacer las copias por duplicado.

Lo siguiente es decidir qué queremos respaldar. No tiene mucho sentido hacer una copia del sistema operativo ni de los programas [**], puesto que se pueden restaurar con mucha facilidad a partir de los discos de instalación. Lo más importante para un usuario doméstico es, en mi opinión, los datos personales: fotos, música, vídeos, correos electrónicos, documentos de trabajo, etc.

También hay que tener en cuenta que no todos los datos son igual de importantes. Por ejemplo, si hemos digitalizado nuestra colección de CDs de música, con hacer una copia de vez en cuando puede bastar, ya que en caso de desastre, todos estos datos son recuperables.

Esto nos lleva al siguiente punto: ¿cada cuanto tiempo hacemos la copia? Depende del uso que demos a nuestro ordenador. Si es usted un fotógrafo aficionado, por ejemplo, y cada semana vuelca las fotos de su cámara al ordenador, las copias semanales pueden ser una buena opción. Si usted es traductor y trabaja en casa, lo más lógico sería hacer una copia diaria de los documentos con los que trabaja actualmente y hacer una copia semanal completa de la carpeta de trabajo.

Finalmente, ¿cómo hacemos la copia? Si utilizamos un medio no reescribible (un DVD, por ejemplo), lo más económico en espacio de almacenamiento es hacer una copia inicial de todo y luego ir actualizando en CDs los cambios (copias incrementales), pero esta forma es algo tediosa si no se utilizan programas especializados que vayan controlando los cambios que hay que respaldar.
Utilizar un disco duro externo es algo más cómodo porque podemos borrar o actualizar los ficheros que hayan cambiado.

Personalmente utilizo dos discos duros externos en los que hago semanalmente una copia de todos los datos que más cambian (carpetas con correo, documentos) y dejo en otras carpetas los ficheros que cambian menos (fotos, música y vídeos), en los que actualizo mensualmente sólo las fotos, música o vídeos nuevos. Los dos discos duros son “espejos”, los dos tienen la misma información. Uno lo dejo en casa y el otro en el trabajo.

No he sido muy sistemático en la exposición de este tema, mi intención es simplemente hacer ver la importancia que tiene el hacer copias de nuestros datos. Es un poco aburrido el tener que dedicar parte de nuestro tiempo a esta tarea pero créanme, cuando uno está al borde del desastre porque ha perdido todos sus datos y los puede recuperar en un par de horas, el esfuerzo merece la pena.

Notas:
(*) Existen muchos programas para hacer copias de seguridad. Son bastante útiles pero hay que dedicar un tiempo para aprender a utilizarlos bien. Para Windows no puedo recomendar ninguno, para Mac me gusta especialmente RryncX y para Linux, rsync o incluso el cp de toda la vida ;-)
(**) Cuando uno “cacharrea” mucho, a veces es conveniente disponer de una copia total del sistema operativo, ya configurado y preparado para utilizarlo sin perder mucho tiempo en dejarlo todo como estaba. Es mi caso. De vez en cuando hago una imagen completa de los sistemas operativos que tengo instalados por si toqueteando estropeo algo.

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Bricolaje con discos duros

Si alguna vez ha cambiado el disco duro de un ordenador a lo mejor se ha encontrado con la siguiente situación: tiene un disco duro que funciona pero ya no puede utilizarlo.

Existen en el mercado unos artilugios que sirven para convertir un disco duro en un disco externo USB. Son muy útiles y bastante asequibles. Montar estas cajas para discos duros es extremadamente fácil.

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A la derecha tenemos un disco duro de un ordenador portátil (generalmente se les denomina discos de 2,5” -dos pulgadas y media-).
A la izquierda, un disco duro de un ordenador de sobremesa (disco duro de 3,5”).

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Aquí se muestran dos cajas para discos duros desmontadas. La caja de la izquierda es para el disco duro grande y tiene dos conexiones: para datos (cable plano amarillo y conector negro) y para alimentación (conector blanco).
La caja de la derecha es para discos duros de portátil. Sólo tiene un conector.

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Mostramos los discos duros ya conectados. La conexión no es difícil. Los discos duros tiene un conector con muchas patillas, pero la pieza a encajar está diseñada de tal forma que sólo “entra” si está en la posición adecuada.

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Finalmente, se monta todo y ya tenemos un disco duro externo para nuestras copias de seguridad, como dispositivo auxiliar o el uso que se nos ocurra.

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Obviamente (se ve en la imagen) las cajas para discos de portátil son más cómodas.
Son más pequeñas y lo más importante: la mayor parte de ellas no necesitan un transformador externo (aunque esto depende más del tipo de USB que tenemos en nuestro ordenador).

La desventaja es que necesitamos un disco duro de portátil (más caros que sus equivalentes para ordenadores de sobremesa) para utilizarlas. No sale muy económico comprar un disco duro para portátil y una caja para utilizarlo como disco duro externo cuando ya hay discos externos del mismo tamaño ya montados por un precio más económico.

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Un canon mal pensado

Estos días se vuelve a hablar mucho del canon que se aplica a los soportes y dispositivos que pueden reproducir archivos multimedia.

Entiendo la necesidad de compensar a los autores de alguna forma por la copia privada de sus obras. Creo que la mayor parte de los consumidores está de acuerdo con esto. La copia privada es legal y está reconocida por una directiva de la Unión Europea, así como esta compensación.

Lo que no es de recibo es que esta compensación repercuta indiscriminadamente sobre los consumidores. ¿Por qué voy a pagar 12 € más por un disco duro externo que sólo utilizo para hacer copias de seguridad de mis archivos? ¿Por qué tengo que pagar un sobreprecio en los DVDs que compro para copiar mis fotos? Al final vamos a tener que hacer las copias de seguridad en unidades de cinta, que no estan “canonizadas”.

No estamos hablando de piratería, ése es otro tema. Estamos hablando de una tasa que se aplica sistemáticamente, se efectúe o no la copia privada.

Se escuchan argumentos muy pueriles a favor del canon: que si está implantado en toda Europa, que si es la única forma de compensar a los autores, etc. No valen estas justificaciones. Si algo está mal pensado, está mal pensado se haga donde se haga.

Hay que buscar otro mecanismo.
Señores políticos, entidades de gestión: piensen, que es su trabajo. Encuentren otra forma de compensar a los autores sin gravar injustamente a todos los consumidores.

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Las tripas de un ordenador

“Tengo que ampliar la RAM”, “el disco duro esta lleno”, “esta CPU es muy potente”, …

Nuestro lenguaje cotidiano está lleno de tecnicismos y referencias a dispositivos informáticos. ¿Sabemos realmente su significado y cuál es su función?

Hagamos un poco de historia.

Las primeras computadoras electrónicas se empezaron a diseñar y construir en los años 30-40 del siglo XX. Eran artilugios de un tamaño monstruoso que funcionaban a base de válvulas de vacío, condensadores, resistencias y otros componentes electrónicos de uso común.
Sin embargo, pese a su aparente primitivismo, muchas de estas primeras computadoras ya tenían un estructura similar a la que encontramos en los ordenadores actuales: una parte se ocupaba de realizar los cálculos y operaciones lógicas, otro componente estaba especializado en almacenar instrucciones y resultados de los cálculos y, finalmente, otro conjunto de dispositivos se encargaba de recibir datos de entrada y presentar o emitir los datos procesados.

Como decíamos, hoy los ordenadores tienen una estructura muy similar.
Examinemos los más importantes, simplificando bastante y siguiendo un criterio no muy académico.

1. CPU
Son las siglas de “Central Processing Unit” (Unidad Central de Proceso).
Básicamente desempeña varias funciones diferenciadas, asignadas cada una de ellas a un subsistema dentro de la misma CPU.

  • Mantener un mecanismo de sincronización o temporización para todas las operaciones que realiza. El dispositivo más habitual es un generador de pulsos periódicos, comúnmente llamado “reloj”.
  • Controlar o gestionar el funcionamiento general de todas las operaciones y procesos que se llevan a cabo.
  • Leer e interpretar las instrucciones que están almacenadas en la memoria.
  • Hacer los cálculos y operaciones lógicas necesarias.
  • Guardar resultados intermedios e instrucciones temporalmente. Estos se almacenan en unas memorias internas de la CPU llamada registros.

Coloquialmente llamamos “CPU” a la caja del ordenador (en modelos de sobremesa), pero esta denominación no es correcta: en la caja realmente se encuentran la CPU, la memoria, los discos duros, la fuente de alimentación y más componentes.
La velocidad de funcionamiento de una CPU se suele medir como la frecuencia del reloj interno (hertzios o múltiplos, del orden de GHz en las CPUs actuales)

2. Memoria principal
También llamada RAM (Random Access Memory, memoria de acceso aleatorio), en referencia a su funcionamiento.
En la memoria principal se almacenan datos e instrucciones. Para entendernos: en la memoria en un momento dado está cargado tanto el programa que estamos ejecutando (por ejemplo, el procesador de textos) como los datos que maneja el programa (el texto que estamos escribiendo).
La memoria principal suele ser volátil, esto es, si se apaga el ordenador, su contenido se pierde. Por esta razón se necesita algún dispositivo de almacenamiento permanente, para guardar los programas que necesitamos para trabajar y los datos con los que trabajamos.
Actualmente la memoria principal en ordenadores personales suele ser de cientos de Mb a algunos Gb [*]

3. Memoria auxiliar o secundaria.
Son los dispositivos en los que la información se guarda de forma más o menos permanente (discos duros, CDs, DVDs, memorias externas -USB y similares-, etc)
Son más lentos que la memoria principal y por esta razón cuando arrancamos un programa (el navegador, por ejemplo), primero se lee del disco duro y se transfiere el programa a la memoria principal. La CPU entonces accede a la memoria principal y “lee” las instrucciones que debe llevar a cabo.
La capacidad de almacenamiento en los discos duros actuales está comprendida entre decenas y centenas de Gb.

A veces el conjunto de instrucciones de un programa es demasiado grande y no cabe en la memoria. En este caso, sólo se carga parte del programa en la memoria principal. Cuando se necesitan más instrucciones, se leen del disco duro. Este último acceso es menos rápido, por lo que, si este acceso al disco duro es muy frecuente, tendremos la sensación subjetiva de que “el ordenador va lento”.

4. Dispositivos de entrada y salida
Monitores, teclados, ratones, escáneres, impresoras, … Todos son dispositivos que permiten introducir y/o recuperar información en el ordenador e interactuar con las personas que los utilizan.

Podemos generalizar y decir que las unidades funcionales de un ordenador mantienen una jerarquía, y que, cuanto más “abajo” en esta jerarquía, mayor lentitud de funcionamiento.

El componente más rápido es la CPU, seguido de la memoria principal, la memoria auxiliar y los dispositivos de entrada-salida. El “componente” más lento somos nosotras, las personas.

(*) En próximas entradas hablaremos de hertzios, megas, gigas y demás unidades.

Para saber más

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